- By Valentina Falchi - In Blog de joyería
Huevos Fabergé: un lujo imperial
Iconos de la familia Románov, famosos en todo el mundo y rodeados de historia y misterio.
Hablamos de los huevos Fabergé
Huevos, ¿por qué? Un poco de historia…
En la Pascua rusa, como en otros países, hay una tradición centenaria de colorear los huevos a mano, llevarlos a la iglesia para bendecirlos y luego regalarlos a amigos o familiares.
La costumbre de regalar huevos de Pascua adornados con joyas había crecido entre los niveles más altos de la sociedad de San Petersburgo. De esta manera, el emperador Alejandro III (Alejandro Aleksándrovich Románov) tuvo la idea de encargar la creación de un huevo de Pascua extraordinariamente precioso para la emperatriz, su joven esposa María Flodorovna (nacida Dagmar de Dinamarca). Para realizar este objeto, el zar recurrió al joyero Peter Carl Fabergé, quien se había convertido en el orfebre oficial de la Corona Imperial ese mismo año. Así fue como Fabergé creó el primer y mítico huevo imperial en 1885.
El primer de todos: el Hen Egg, huevo de gallina
Lo que parecía ser un regalo ordinario, un huevo de esmalte blanco, escondía, una vez abierto, una serie de preciosas sorpresas. Primero, una sólida yema dorada en el centro, que a su vez se abría para revelar una gallina de oro multicolor con ojos de rubíes. Esta albergaba una réplica en oro y diamantes de la corona imperial, en cuyo interior se escondía un pequeño colgante de rubí que colgaba de una cadena.
Ya sé que todo esto nos hace pensar a las Matrioshkas, las famosas muñecas rusas una dentro de la otra, pero no es así ya que estas se crearon ¡cinco años después!
El llamado Hen Egg fue el primero de una serie de obsequios de Pascua del zar Alejandro III y, tras su muerte, de su hijo, Nicolás II, a sus esposas y madres hasta 1916, convirtiéndose así en tradición.
Peter Carl Fabergé
La historia de Peter Carl comienza unos cuarenta años antes de la creación del maravilloso huevo de oro. Nació en 1846 en San Petersburgo, hijo de Gustav Fabergé que también era joyero.
Los antepasados de su familia procedían de la Picardía, una región en el norte de Francia, lo que explica el apellido no ruso, y eran hugonotes, protestantes franceses. Cuando en 1685 el rey Luis XIV revocó el edicto de Nantes que garantizaba protección a los protestantes, los Fabergé (entonces Favri) tuvieron que huir del país y escaparon hacía el noreste.
Durante su juventud, Peter Carl viajó por Europa en compañía de su padre Gustav, aprendiendo las enseñanzas de los mejores joyeros del continente, hasta que, en 1872, se instaló definitivamente en la boutique familiar, ubicada en su ciudad natal. En 1882 Gustav murió y Carl se hizo cargo del negocio de su padre junto a su hermano. Ese mismo año las obras de Fabergé se exhibieron en una exposición y atrajeron la atención del zar, quien decidió que sus joyas debían ser reconocidas como un ejemplo de excelencia en el arte. Pocos años después, el zar proclamó Fabergé el orfebre oficial del Imperio.
A partir del primer huevo creado para la emperatriz en 1885, con motivo de la Pascua todos los años hasta 1917 (con la única excepción de 1904 y 1905, años de la guerra entre Rusia y Japón), el hábil orfebre realizó un total de 57 huevos en oro, gemas y metales preciosos, construidos siempre según el mecanismo de la caja china, y por tanto guardianes de sorpresas ligadas al simbolismo imperial.
Esta tradición continuó hasta la Revolución de Octubre, cuando los huevos de Fabergé ya habían ganado popularidad en muchas partes de Europa. Un año antes, en 1916, Fabergé convirtió su empresa en una sociedad anónima. Pero con la victoria de los bolcheviques, la marca se nacionalizó en 1918 y se confiscaron sus existencias. El joyero se vio entonces obligado a huir con su familia primero a Alemania y luego a Suiza mietras sus hermanos pequeños fueron encarcelados. Carl quedó profundamente afectado por la revolución rusa, a la que se opuso firmemente. Murió unos años después, en 1920, en Suiza cerca de Lausana.
Después de la fatal caída de la familia Románov durante la Revolución Rusa, los huevos imperiales fueron saqueados y esparcidos por todo el mundo, creando una de las búsquedas de huevos de Pascua más intrigantes de la historia…
Quizás tampoco sabías que…
Un misterioso comprador:
Se sabe que el Imperial Fabergé Nécessaire, fabricado en 1889, había sobrevivido a la revolución y que fue vendido en 1952 por una familia de anticuarios a un misterioso comprador. En el libro de ventas, el comprador aparece marcado sólo como «extranjero». Después de eso, no se supo nada más.
Una colección real:
Los reyes británicos Jorge V y la reina María eran grandes admiradores de los objetos de Fabergé. Por eso, en 1933, compraron tres espléndidos huevos imperiales: el Huevo de las columnas, el Huevo de la cesta de flores y el Huevo Mosaico. Los tres objetos ahora pertenecen a la reina Isabel II, que también posee muchos otros coleccionables de Fabergé, incluidos adornos, cajas y marcos de fotos. ¡Pobrecita! Más detalles y un extraordinario video en la web de la Royal collection. No te pierdas ¡el elefante de avorio!
¡Vale un huevo!:
Hace unos años se encontró uno de estos huevos perdidos en los Estados Unidos. Un comerciante de chatarra compró el huevo en un mercado de pulgas de un pequeño pueblo del oeste de Estados Unidos. Su intención era ganar dinero fundiendo el metal. Tiempo después, en un normal día de 2014, el chatarrero descubre por casualidad que el curioso objeto dorado que había comprado por $ 500 era, de hecho, el ¡tercer de los Huevos de Pascua de Fabergé! Perdido hace mucho tiempo, fue el regalo de Pascua de 1887 del zar Alejandro III a su esposa. El huevo está sobre un elaborado soporte de oro sostenido por patas de león con tres zafiros en guirnaldas doradas y un reloj Vacheron Constantin en el interior. La «preciosa chatarra» se vendió por $ 33 millones en una subasta y el comerciante optó por permanecer en el anonimato.
En fin, estos huevos han dado a conocer la marca Fabergé en todo el mundo. La empresa sigue en activo al día de hoy y su historia reciente no es menos curiosa. A mediados del siglo pasado incluso ¡le robaron el nombre! Pero bueno, esto daría para otra entrada.
Si te gusta lo que te he contado y quieres saber pero sobretodo, ver más que sepas que hay un maravilloso documental que tuve la suerte de poder ver en el cine hace unos años. Ya te lo conté en otra entrada del blog y se llama: “Fabergé, a life of its own” a la venta en iTunes. Más información sobre otros huevos Fabergé en la web de Fabergé.
¿Que tal te ha parecido esta historia?
Deja tu comentarios si ahora un huevo de chocolate ya no te basta 🙂
¡Hasta la próxima!
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Valentina Falchi
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